Me tendía, miraba el cielo y me esforzaba por interesarme. Se volvía tarde: era de noche. Hacía aún un esfuerzo para desviar el curso de mis pensamientos. Oía mi corazón. No podía imaginar que aquél leve ruido que me acompañaba desde hace ya tanto tiempo pudiese cesar nunca


No hay comentarios:
Publicar un comentario